viernes, 21 de enero de 2022

JOB EL SUFRIMIENTO DE UN INOCENTE

 











JOB EL SUFRIMIENTO DE UN INOCENTE 


El relato explica que él intentó buscar respuestas, todas ellas sin renegar ni maldecir a Dios, pues Job sabe que Dios es bueno. Entre su pena, desolación, confusión y enojo disparaba para todos lados sin dar en alguna consolación, con alguna idea lógica que le llenara el corazón. Incluso un par de amigos acudieron a él para consolarlo, pero no hubo nada que ellos pudieran decir que calmara su pesar y que pudiera explicar todo lo que le estaba ocurriendo. Es tanta la confusión que producen muchas de las cosas que experimentó en su vida, que hasta sus amigos quedaron confundidos.
Me imagino que te ha pasado que el sufrimiento inexplicablemente golpea la puerta de tu vida, dejando incluso sin palabras a los que están cerca tuyo. Nadie, ni los amigos, ni tú, ni tu fe logran conjugar alguna explicación a lo ocurrido, y la desesperanza y angustia comienzan a brotar en medio del corazón. Frente a situaciones así tiemblan los cimientos de la fe, de la vida, de lo que creemos y lo que hacemos.
Relato de la Biblia

2 Cuando llegó el día en que debían presentarse ante el Señor sus servidores celestiales, se presentó también el ángel acusador entre ellos. 2 El Señor le preguntó:
—¿De dónde vienes?
Y el acusador contestó:
—He andado recorriendo la tierra de un lado a otro.
3 Entonces el Señor le dijo:
—¿Te has fijado en mi siervo Job? No hay nadie en la tierra como él, que me sirva tan fielmente y viva una vida tan recta y sin tacha, cuidando de no hacer mal a nadie. Y aunque tú me hiciste arruinarlo sin motivo alguno, él se mantiene firme en su conducta intachable.
4 Pero el acusador contestó al Señor:
—Mientras no lo tocan a uno en su propio pellejo, todo va bien. El hombre está dispuesto a sacrificarlo todo por salvar su vida. 5 Pero tócalo en su propia persona y verás cómo te maldice en tu propia cara.
6 El Señor respondió al acusador:
—Está bien, haz con él lo que quieras, con tal de que respetes su vida.

7 El acusador se alejó de la presencia del Señor, y envió sobre Job una terrible enfermedad de la piel que lo cubrió de pies a cabeza. 8 Entonces Job fue a sentarse junto a un montón de basura, y tomó un pedazo de olla rota para rascarse. 9 Pero su mujer le dijo:
—¿Todavía te empeñas en seguir siendo bueno? ¡Maldice a Dios y muérete!
10 Job respondió:
—¡Mujer, no digas tonterías! Si aceptamos los bienes que Dios nos envía, ¿por qué no vamos a aceptar también los males?
Así pues, a pesar de todo, Job no pecó ni siquiera de palabra.
Los amigos de Job van a visitarlo
11 Ahora bien, Job tenía tres amigos: Elifaz, de la región de Temán, Bildad, de la región de Súah, y Sofar, de la región de Naamat. Al enterarse estos de todas las desgracias que le habían sucedido a Job, decidieron ir a consolarlo y acompañarlo en su dolor. 12 A cierta distancia alcanzaron a ver a Job, y como apenas podían reconocerlo, empezaron a gritar y llorar, y llenos de dolor se rasgaron la ropa y lanzaron polvo al aire y sobre sus cabezas. 13 Luego se sentaron en el suelo con él, y durante siete días y siete noches estuvieron allí, sin decir una sola palabra, pues veían que el dolor de Job era muy grande.
 
Ver los siguientes videos 
 
https://www.youtube.com/watch?v=A83lpbIEfFs&t=923s






Realice las siguientes preguntas en forma de infografía

  1. Relacione la persona de Job y los sucesos que le sobrevinieron A Ned flanders
  2. ¿Qué opinas sobre la afirmación de Marge Simpsons " todos los problemas se solucionan con la fe" y en contraste de ello que  Ned flanders, el hombre de fe lo ha perdido todo?
  3. ¿Cómo explicaría las desgracias de Job, crees que él era merecedor de sus desgracias?
  4. ¿Cómo puedes explicar el sufrimiento personal y social, desde la experiencia de Job, el sufrimiento de un inocente?
  5. ¿Cuál es tu opinión personal sobre el anterior relato bíblico ?
  6. Al final Job no supo que responderle a Dios en sus intervenciones y al final hace la confesión descrita en el capítulo 42 versos del 1-6. ¿Qué enseñanza puedes extraer de la respuesta de Job

jueves, 29 de abril de 2021

FILOSOFÍA, REDES SOCIALES Y CAPITALISMO.

 

LOS SELFIES SON SUPERFICIES HERMOSAS DE UN YO VACÍO Y COMPLETAMENTE INSEGURO

 

TRILOGÍA DEL PENSAMIENTO MODERNO: FILOSOFÍA, REDES SOCIALES Y CAPITALISMO.

 


MOSAICO TEXTUAL

El sujeto del rendimiento, que se pretende libre, es en realidad un esclavo. Es un esclavo absoluto, en la medida en que sin amo alguno se explota a sí mismo de forma voluntaria. No tiene frente a sí un amo que lo obligue a trabajar. El sujeto del rendimiento absolutiza la mera vida y trabaja. La mera vida y el trabajo son las caras de la misma moneda. La salud representa el ideal de la mera vida. Al esclavo neoliberal le es extraña la soberanía, incluso la libertad del amo que, según la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel, no trabaja y únicamente goza. Esta soberanía del amo consiste en que se eleva sobre la propia vida e incluso acepta la muerte. Este exceso, esta forma de vida y de goce, le es extraño al esclavo trabajador preocupado por la mera vida. Frente a la presunción de Hegel, el trabajo no lo hace libre. Sigue siendo un esclavo. El esclavo de Hegel obliga también al amo a trabajar. La dialéctica del amo y el esclavo conduce a la totalización del trabajo.

El capitalismo nos enjaula, aunque no seamos productivas. Al capitalismo le da igual que estés borracha de amor, feliz, eufórica, exultante, cachonda, preocupada, angustiada, desesperada, triste, ansiosa, enojada. Al capitalismo no le importa que tu compañera esté hospitalizada y tú quieras estar cuidando y acompañándola. No le importa si vas a tener una conversación decisiva con tu pareja, si estás de duelo por una ruptura sentimental, si quieres acompañar a una amiga o amigo en momentos difíciles. No le importa, y tú tienes que ir a trabajar, aunque tu abuela se esté muriendo. No le importa si has dormido esa noche por la gripe de tu hija o si te has pasado la noche gozando lujuriosamente. Tú tienes que estar ahí, cumpliendo, aunque no seas productiva y no logres hacer nada ese día.

“todos nacen como originales, pero muchos mueren como fotocopias”.

https://www.youtube.com/watch?v=pzNIz0JI834


La falta de autoestima que subyacente en la autolesión indica una crisis general de gratificación en nuestra sociedad. Cada uno de nosotros está enamorado. Solo el amor del otro estabiliza al yo. Para una autoestima estable, tengo que encontrarme importante. Pero para eso necesito la idea de que soy importante para los demás. Esto puede ser difuso, pero es esencial para sentirse  importante para ser . La falta de sentimiento de ser es responsable de la autolesión.

No puedo producir autoestima yo mismo. Para esto, dependo de otros, en la instancia de la propina, que me aman, alaban, reconocen y aprecian. El aislamiento narcisista de las personas, la instrumentalización de los demás y la competencia total entre ellos destruyen el clima de gratificación.

Hoy se evita toda forma de lesión. Esto también se aplica al amor. Enamorarse "sería hacerse demasiado daño". Hoy no corremos riesgos altos porque tememos la pérdida que nos perjudica y nos perjudica.

Quizá ALDOUS HUXLEY no se equivocaba cuando sugirió que en el futuro el problema sería no ya la censura y la represión, sino la inundación de lo inane: una sociedad ahogada en la distracción, en un mar de insignificancia.

El segundo proceso, la identificación social, es el proceso de identificación como miembro del grupo. La identificación social con un grupo lleva a las personas a comportarse de la manera en que creen que los miembros de ese grupo deberían comportarse. Por ejemplo, si una persona se define a sí misma como ecologista, puede tratar de conservar el agua, reciclarla siempre que sea posible y marchar en manifestaciones para sensibilizar sobre el cambio climático. A través de este proceso, las personas se involucran emocionalmente en sus membresías grupales. En consecuencia, su autoestima se ve afectada por el estado de sus grupos.

 El caso es que filosofar en tiempos de internet y de redes sociales, cuando todo son distracciones, se ha convertido en algo muy complicado. «Filosofar ahora es más difícil que nunca. La actitud filosófica, el diálogo filosófico, exige prestar atención al otro, tiempo para reflexionar, para pensar, para profundizar. Y en esta sociedad de la inmediatez, de lo rápido, eso cada vez resulta más y más difícil», asegura Nomen, quien, como jefe del departamento de Humanidades de la escuela Sadako, tampoco oculta su indignación ante el relego cada vez mayor de la Filosofía en los planes de estudio. 

https://pijamasurf.com/2017/08/amor_en_tiempos_del_capitalismo_o_por_que_hemos_dejado_de_amar/?fbclid=IwAR2MY_bIlGTgUpRcE9Bk-JDlob5V4KGS-AHQEPRLu656bEN_zHNHh2qOToM


https://culturainquieta.com/es/inspiring/item/16090-el-materialismo-nos-esta-haciendo-cada-vez-mas-miserables.html


https://www.entiemposdealetheia.com/antropologia-filosofia-y-psicologia/la-filosofia-en-tiempos-de-las-redes-sociales/?fbclid=IwAR0fReyWE7RkfHRG_3eI6XB9K_L3qBnPg37Zmp2v1Ju9cnxdeqiPWupoZrk

https://www.elsigma.com/subjetividad-y-medios/apuntes-sobre-redes-sociales-en-perspectiva-nietzscheana/13716?fbclid=IwAR0fReyWE7RkfHRG_3eI6XB9K_L3qBnPg37Zmp2v1Ju9cnxdeqiPWupoZrk

https://www.enperspectiva.net/en-perspectiva-radio/dosmil30/profesor-filosofia-pablo-romero-dosmil30/?fbclid=IwAR0fReyWE7RkfHRG_3eI6XB9K_L3qBnPg37Zmp2v1Ju9cnxdeqiPWupoZrk

https://afondo.lne.es/sociedad/las-redes-sociales-son-un-reto-para-la-verdad.html?fbclid=IwAR0fReyWE7RkfHRG_3eI6XB9K_L3qBnPg37Zmp2v1Ju9cnxdeqiPWupoZrk

https://www.forbes.com.mx/que-piensan-los-filosofos-sobre-las-redes-sociales/?fbclid=IwAR0fReyWE7RkfHRG_3eI6XB9K_L3qBnPg37Zmp2v1Ju9cnxdeqiPWupoZrk

https://didactifilosofica.wordpress.com/2014/08/03/la-filosofia-y-las-redes-sociales/?fbclid=IwAR0fReyWE7RkfHRG_3eI6XB9K_L3qBnPg37Zmp2v1Ju9cnxdeqiPWupoZrk

https://www.youtube.com/watch?v=fychHRo8GAY&feature=share&fbclid=IwAR1NJON8_IztWVGVwCYjJEtCTac6tULzSydjmjQSjzNXLUK7x9rFpfm15aM

https://confabulario.eluniversal.com.mx/existencialismo-para-el-siglo-xxi-mas-alla-de-las-redes-sociales/?fbclid=IwAR1NJON8_IztWVGVwCYjJEtCTac6tULzSydjmjQSjzNXLUK7x9rFpfm15aM

https://lourdescardenal.com/2017/04/11/redes-sociales-para-filosofia/

https://multitudononsequitur.net/2020/05/21/el-estilo-del-mundo/?fbclid=IwAR1NJON8_IztWVGVwCYjJEtCTac6tULzSydjmjQSjzNXLUK7x9rFpfm15aM/












jueves, 30 de julio de 2020

Nacimiento de Jesús





Docente: Jesús Alberto Vargas Cifuentes
Grado: Sexto
Materia: Educación Religiosa



Nacimiento de Jesús 








María y, su marido, José iban camino de Belén tal y como había ordenado el emperador romano César Augusto. José iba caminando y María, a punto de dar a luz a su hijo, sentaba en un burro.

















A su llegada a Belén, María y José buscaron un lugar para alojarse, pero llegaron demasiado tarde y todos los mesones estaban completos. Finalmente, un buen señor les prestó su establo para que pasaran la noche.














José juntó paja e hizo una cama para su esposa. Lo que ninguno de los dos imaginaba antes de trasladarse ese día a Belén es que ese era el momento del nacimiento del Niño Jesús.


Y así nació el Niño Jesús, en un establo, y su madre, la Virgen María le colocó sobre un pesebre, el lugar donde se ponía la comida de los animales. Al caer la noche, en el cielo nació una estrella que iluminaba más que las demás y se situó encima del lugar donde estaba el niño.







Muy lejos de allí, en Oriente, tres sabios astrólogos llamados Melchor, Gaspar y Baltasar, sabían que esa estrella significaba que un nuevo rey estaba a punto de nacer. Los tres sabios, a los que conocemos como Los Tres Reyes Magos, fueron siguiendo la brillante estrella hasta el pesebre de Belén para visitar a Jesús.

Cuando llegaron a su destino, Melchor, Gaspar y Baltasar buscaron el pesebre y le regalaron al Niño oro, incienso y mirra. Al poco de nacer, el rey Herodes, atemorizado por la noticia de que había nacido el hijo de Dios, mandó matar a todos los bebés. 








María y Jose huyeron a Egipto y volvieron tiempo después, cuando Herodes murió. Se instalaron en Nazaret y allí pasó su infancia Jesús.






















Por medio de un comentario participa con la siguiente pregunta ¿ Por qué crees que Jesús nació en un pesebre, qué nos enseña este acontecimiento?

miércoles, 29 de julio de 2020

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?»







Docente: Jesús Alberto Vargas Cifuentes
Área: Educación religiosa



Mc 4, 35-41: La tempestad calmada (Mc)
«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?»

35 Aquel día, al atardecer, les dice Jesús: «Vamos a la otra orilla». 36 Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban.
37 Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua.
38 Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron, diciéndole: “Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».
39 Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio, enmudece!». El viento cesó y vino una gran calma.
40 Él les dijo: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?».
41 Se llenaron de miedo y se decían unos a otros: «¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!».


¿Qué opina sobre la actitud de Jesús?
¿Qué opina sobre la actitud de los discípulos?
¿Cómo se puede comparar estas actitudes con nuestra realidad, sufrimientos y problemas?
Realizar una infografía.
a)   Titulo distinta al del Evangelio y al Mío
b)   Responder las preguntas.
c)   3 conclusiones sobre el mensaje del Papa.


«Al atardecer» (Mc 4,35). Así comienza el Evangelio que hemos escuchado. Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas. Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: “perecemos” (cf. v. 38), también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos.

Es fácil identificarnos con esta historia, lo difícil es entender la actitud de Jesús. Mientras los discípulos, lógicamente, estaban alarmados y desesperados, Él permanecía en popa, en la parte de la barca que primero se hunde. Y, ¿qué hace? A pesar del ajetreo y el bullicio, dormía tranquilo, confiado en el Padre —es la única vez en el Evangelio que Jesús aparece durmiendo—. Después de que lo despertaran y que calmara el viento y las aguas, se dirigió a los discípulos con un tono de reproche: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?» (v. 40).

Tratemos de entenderlo. ¿En qué consiste la falta de fe de los discípulos que se contrapone a la confianza de Jesús? Ellos no habían dejado de creer en Él; de hecho, lo invocaron. Pero veamos cómo lo invocan: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» (v. 38). No te importa: pensaron que Jesús se desinteresaba de ellos, que no les prestaba atención. Entre nosotros, en nuestras familias, lo que más duele es cuando escuchamos decir: “¿Es que no te importo?”. Es una frase que lastima y desata tormentas en el corazón. También habrá sacudido a Jesús, porque a Él le importamos más que a nadie. De hecho, una vez invocado, salva a sus discípulos desconfiados.

La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad. La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas “salvadoras”, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privándonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad.

Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, esta tarde tu Palabra nos interpela se dirige a todos. En nuestro mundo, que Tú amas más que nosotros, hemos avanzado rápidamente, sintiéndonos fuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa. No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo. Hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo. Ahora, mientras estamos en mares agitados, te suplicamos: “Despierta, Señor”.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. En esta Cuaresma resuena tu llamada urgente: “Convertíos”, «volved a mí de todo corazón» (Jl 2,12). Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. 

Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás. Y podemos mirar a tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo. Frente al sufrimiento, donde se mide el verdadero desarrollo de nuestros pueblos, descubrimos y experimentamos la oración sacerdotal de Jesús: «Que todos sean uno» (Jn 17,21). 


Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza. Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere.

El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar. El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado. El Señor nos interpela desde su Cruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos reclaman, a potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita. No apaguemos la llama humeante (cf. Is 42,3), que nunca enferma, y dejemos que reavive la esperanza.

Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar. Es animarse a motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad. En su Cruz hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Queridos hermanos y hermanas: Desde este lugar, que narra la fe pétrea de Pedro, esta tarde me gustaría confiarlos a todos al Señor, a través de la intercesión de la Virgen, salud de su pueblo, estrella del mar tempestuoso. Desde esta columnata que abraza a Roma y al mundo, descienda sobre vosotros, como un abrazo consolador, la bendición de Dios. Señor, bendice al mundo, da salud a los cuerpos y consuela los corazones. Nos pides que no sintamos temor. Pero nuestra fe es débil y tenemos miedo. Mas tú, Señor, no nos abandones a merced de la tormenta. Repites de nuevo: «No tengáis miedo» (Mt 28,5). Y nosotros, junto con Pedro, “descargamos en ti todo nuestro agobio, porque Tú nos cuidas” (cf. 1 P



JOB EL SUFRIMIENTO DE UN INOCENTE

  JOB EL SUFRIMIENTO DE UN INOCENTE  El relato explica que él intentó buscar respuestas, todas ellas sin renegar ni maldecir a Dios, pues Jo...